​La Asturias Olvidada

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Carlos Cuesta, colaborador vyc 225

     El periódico británico The Telegraph apuntó estos días en sus páginas el momento actual de una región del norte de España, bella como pocas, ajena a la paella y bailaores flamencos, clima atlántico y muy olvidada por el turismo internacional. Esta es la apreciación del periodista inglés que acudió a Oviedo para reflejar el universo quesero en el World Cheese Awards, un estupendo certamen con más de 4.000 referencias de quesos de todo el planeta y que ha servido para situar en el mapamundi a esta pequeña comunidad del septentrión nacional. En efecto, una Asturias marcada por los notables quesos repartidos por todo el perímetro geográfico y que sólo los nativos conocemos de verdad la variedad y abundancia quesera en un territorio limitado. Se dice, con apuesta fija, que somos la mayor mancha quesera de Europa conforme a nuestra extensión. Puede ser. Y el redactor británico fue testigo de lo que representa Asturias a los ojos de un forastero que nunca pisó esta tierra de numerosos tonos verdes y montañas cautivadoras con cantiles de película y playas sublimes. Una paleta cromática al estilo de Monet. 


Parque Natural de Redes, Asturias

Parque Natural de Redes, Asturias


      Excelente perspectiva de promoción y huella mediática. La Asturias olvidada quizá necesite de más proyección allende sus fronteras y decirles a los británicos que por estos lares contamos con una geografía muy parecida a la de ellos, buena gastronomía, una sidra de escanciado y quesos de enjundia y tradición, con un paisaje imposible dominado por hórreos y vacas paciendo en prados tranquilos y apacibles del universo rural. Todo muy típico y algo tópico pero con la fuerza orográfica y natural que desprende un territorio norteño muy definido y cargado de vieja historia y tradiciones de libro.


       La Asturias de siempre y auténtica no tiene quién la escriba ni hable de sus auténticas verdades. Región animada y atormentada, por momentos, por sus demonios internos e ideológicos que no la dejan avanzar y situarse en los puestos de cabeza de un País que quiere ganar la modernidad a pasos agigantados. Aquí no hay cantaores, faralaes ni guitarras andaluzas. La paella de anuncio se transforma en fabada redentora y restauradora. Las sidrerías son el refugio de los buenos bebedores que no desmerecen del vino o la cerveza. Y las ciudades y los pueblos se identifican plenamente con el espíritu ancestral de una identidad insobornable. Asturias es eso. Fuerza natural, belleza de postal y hospitalidad a raudales en sus gentes trabajadoras y honradas. 


      Dejando esos tópicos en el cajón del fondo, el Principado vive realidades sujetas a un momento coyuntural complejo y con un futuro impredecible e incierto donde el empleo escasea y la juventud se aleja a otros territorios donde no falte el pan de cada día. Un día lo fuimos y ahora queremos serlo, recuperando aquellos tiempos heroicos de trabajo, capacidad industrial y acción emprendedora. Está visto que con los quesos se aprende mucho y dónde hay presencia y esfuerzo lácteo la cosa mejora, y Asturias no debe olvidar que sin queso no es nada y la vanguardia, es de esperar, que sea su manera ser ser y estar. El periodista inglés de The Telegraph se fue de Asturias encantado, pero con ese amargor de ser un rincón olvidado del norte hispano. Y lo mejor de sus vivencias fue probar una exquisita merluza a la cazuela bien ejecutada y una sidra natural perfectamente tirada por el maestro escanciador Toño Abella en la Sidrería Marcelino de Oviedo.


      Asturias es queso, gastronomía de ensueño, sidra única y ahora necesita buscar la promoción necesaria para no verse olvidada en los sueños escondidos de un reportero británico.

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