Viajar es descubrir lugares… y también comer y beber bien. Y en eso, Montilla juega en primera división. Esta localidad cordobesa, situada en el corazón geográfico de Andalucía, es una escapada gastronómica perfecta no solo por sus vinos y las experiencias que pueden vivirse en torno al enoturismo, sino también por una cocina honesta, sabrosa y llena de identidad. Platos con solera y apellido que convierten cualquier gastroviaje con amigos en toda una sorpresa.
Barra del restaurante Las Camachas
De temporada y profundamente ligadas al territorio, estas alcachofas son una auténtica flor culinaria, apreciada además por sus excelentes propiedades para el hígado. A diferencia de lo que muchos creen, no es el vino el que da nombre al plato, sino la alcachofa montillana, que antaño cubría estos campos. “Montilla es un mar verde de vides y de alcachofas” resumía bien aquella estampa.
Alcachofas a la montillana en restaurante Torres
Uno de los platos tradicionales imprescindibles que encontrarás en casi cualquier taberna o restaurante.
Arroz con rabo de toro y vino amontillado en Taberna Los Lagares
Cocinado a fuego lento y ligado con un vino oloroso de Montilla, el resultado es una receta profunda, melosa y llena de carácter. Cocina de siempre que encontrarás en (casi) todos los restaurantes y tabernas montillanas.
Rabo de Toro del restaurante Torres
La gran antecesora del salmorejo. Se elabora con miga de pan, almendras crudas, aceite de oliva virgen extra , ajo, vinagre y sal. A partir de esta base, cada uno pone su sello personal: texturas, acompañamientos y presentaciones distintas. Un clásico reinventado que invita a ir probando versión tras versión. ¿Te vienes a descubrirlas?
Mazamorra
Aunque aquí se disfruta especialmente cuando suben las temperaturas, lo encontrarás durante buena parte del año en las cartas de los bares. Cremoso, equilibrado y lleno de sabor, es uno de otro de esos platos sencillos donde nuestro aceite de oliva virgen extra es el protagonista y que, cuando están bien hecho, resulta simplemente espectacular.
Salmorejo y vino amontillado
Un bocado nacido en Montilla y pensado para tapear. Elaborado tradicionalmente con rosada o merluza, relleno de bechamel y atún en conserva, tal y como lo ideó su creador. Hoy también es habitual encontrarlo con gambas. Crujiente por fuera, suave por dentro, es pura identidad local.
Crispín en Mesón del Conde
En el apartado dulce, este icono montillano se encuentra en una histórica pastelería cuyo despacho de la calle Corredera abrió en 1930 tras un terremoto. El pastelón forma parte de la memoria sentimental de generaciones y sigue siendo un imprescindible para golosos y visitantes.
Pastelón en Pastelería centenaria Manolito Aguilar
Entrégate a uno de los rituales más placenteros de Montilla: terminar la comida con una copa de Pedro Ximénez, el rey de los vinos dulces. Acompañado de chocolate negro o quesos azules, el maridaje roza lo celestial y resume como pocos la esencia del lugar.
Vino dulce PX y muffin de chocolate con helado de vainilla en Taberna Bolero
Dedica tiempo a ojear las extensas cartas de vinos de tabernas y restaurantes. Blancos, generosos, dulces, espumosos, vermuts y vinagres de gran calidad conforman una oferta diversa y sorprendente. Ideal para seguir tu ruta gastro copa a copa.
Restaurante Las Camachas
Para empezar el día como se debe, acércate a cualquier panadería familiar artesanal —hay muchas— y pide hojaldres. Son súper típicos, recién hechos y perfectos para acompañar con café o una copa de vino dulce si el día lo pide.
Si buscas un bocado verdaderamente celestial, los dulces del Monasterio de Santa Clara son una maravilla. Recetas tradicionales, mimo infinito y sabores que hablan de silencio, paciencia y cinco siglos de saber hacer.
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