LUGAR IDEAL PARA CURAR EL ESTRES URBANO, Y MUCHO MAS QUE SOL Y PLAYA

Menorca Reserva de la Biosfera por su patrimonio, diversidad ambiental y natural

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Menorca, cala Macarella, en el sur


Aunque lo normal es asociar la paradisíaca isla de Menorca como un enclave único para disfrutar de algunas de las mejores playas del mundo, la realidad es que hablamos de un lugar que tiene muchísimo más que ofrecer al visitante. 


Declarada Reserva de la Biosfera en 1993, una amplia variedad paisajística y rincones de alto valor ecológico se entremezclan con el legado cultural de la mano del hombre. Menorca, gracias a su estratégica ubicación en el Mediterráneo y a su peculiar orografía costera, con ejemplos como Mahón, el segundo puerto natural más largo de Europa, ha tenido un peso geopolítico muy importante a lo largo de la historia. Prueba de ello es que la isla estuvo ocupada por los británicos y los franceses en diferentes etapas y, aún hoy, son muchas las huellas impasibles al tiempo que así lo atestiguan. Con todo, más allá de este peso de la historia, Menorca da cobijo a numerosos recursos a nivel cultural, etnográfico y gastronómico, cuya verdadera dimensión trasciende una mera variedad de propuestas turísticas, sino que suponen una muestra del modo de vida y del carácter del menorquín, forjado durante siglos.


En Menorca, podrá gozar de sus playas de aguas turquesas, callejear por sus pintorescos pueblos, degustar una exquisita gastronomía basada en las riquezas que brinda el mar y dejarse llevar por sus apasionadas fiestas patronales, con los caballos como protagonistas.


Menorca, junto con Mallorca, Ibiza, Formentera y Cabrera conforma el archipiélago Balear en el Mediterráneo español. Esta isla nos ofrece más de 200 km de costa con multitud de playas y calas solitarias, que son pequeñas ensenadas. Un lugar en el que el tiempo se ha detenido, propiciando una extraña magia para desconectarse. También destaca su extensa y variada naturaleza, perfecta para practicar el ecoturismo, hacer rutas ecuestres o en bici y disfrutar del paisaje rural. La Unesco declaró a Menorca Reserva de la Biosfera en 1993 por su diversidad ambiental y sus valores naturales.


Uno de los mayores tesoros de la isla son sus increíbles playas y calas, que presumen de tener algunas de las aguas más cristalinas del Mediterráneo. Debido al tamaño reducido de la isla, con una carretera de 47 km que va de punta a punta, en poco tiempo puede descubrir sus rincones. La mejor manera es en auto o en moto, aunque también hay muchos partidarios de hacer la expedición en bicicleta. A las playas más vírgenes sólo se puede llegar recorriendo el antiguo camino de caballos: un sendero que circunvala toda la isla.


En cualquier punto de información de la isla se puede conseguir un mapa con todas las playas de Menorca. Hay más de medio centenar para todos los gustos, desde completamente vírgenes y de difícil acceso a pie, hasta algunas con urbanizaciones junto a ellas.


Existe un gran contraste entre las playas del sur y las del norte. El sur, con un relieve más suave, se caracteriza por sus extensos arenales rodeados por una rica vegetación de pinos que llegan casi al mar, en playas de blancas arenas y aguas turquesas como Macarella, Cala Turqueta, Son Saura, Binigaus, Cala Mitjana, Cala Escorxada o Cala Rafalet. El norte posee una costa más abrupta, con potentes rocas en las que rompe el mar, con paisajes más agrestes y con una arena un poco más gruesa y oscura. Encontramos entornos maravillosos sin urbanizar como Cavalleria, El Pilar, Cala Pregonda, Cala Algaiarens o Binimellà.


Cala Turqueta, sus aguas color turquesa de recuerdan a las de las playas caribeñas


Aparte de las playas, no puedes dejar de visitar las dos ciudades principales que se encuentran en cada extremo de la isla.


Ciutadella es, para muchos, la ciudad más bonita de la isla, con un casco antiguo repleto de estrechas calles donde al perderse, uno va descubriendo sus palacios, plazas, antiguas casas señoriales e imponentes monumentos centenarios como la Catedral de Menorca y la Plaza d’es Born, una de las más bonitas de Europa. Alberga el edificio municipal de estilo neoclásico y está rodeada de dos imponentes palacios, el de Torre Saura y el de Salort. En la misma plaza encontramos el mirador y el camino que nos conduce al puerto, uno de los lugares más admirables de la isla. Allí podrá pasear disfrutando de un helado, cenar en uno de sus restaurantes o tomar una copa en sus blancas terrazas.


Plaza d’es Born, y vista del puerto de ciudadela, desde la misma


Mahón es la ciudad más grande de Menorca, y también la capital de la isla. Destaca por su inconfundible arquitectura de estilo colonial inglés y por albergar el segundo puerto natural más grande del mundo. Situado en la costa de levante de la isla, su bahía era punto estratégico de barcos piratas y guerrillas, pero fue en el siglo XVIII cuando los ingleses dominaron Menorca, el momento en que el puerto empezó a convertirse en uno de los más importantes del Mediterráneo.


Puerto de Mahón


Vale la pena visitar también otros pueblos como Fornells, con su impresionante bahía, o Binibeca, un pintoresco poblado blanco de antiguas casas de pescadores. Tampoco te puedes perder los mejores atardecer desde la Cova d’en Xoroi, cueva situada en un acantilado de la costa sur de la isla con impresionantes vistas en sus terrazas con música chill out de fondo.


Fornells, su gran bahía protegida, es ideal para practicar diferentes deportes acuáticos.


Gastronomía menorquina 


La gastronomía menorquina nace de las aportaciones de distintos pueblos y culturas que han ido creando a lo largo de los siglos una cocina tan llena de sorpresas y contrastes, como el paisaje menorquín. La cocina medieval, tanto islámica como catalana, y la de inspiración francesa son las que han legado una herencia mayor a las recetas que han dado fama a Menorca en el mundo entero.

La mayor aportación gastronómica internacional, probablemente sea la salsa mahonesa, de origen menorquín, que coge el nombre de la ciudad de Mahón. También es conocida "all-i-oli" cuando se le añaden unos dientes de ajo.


El pescado fresco, y en especial la langosta, son la base de la carta de muchos de los mejores restaurantes de la isla. Quizás el plato más destacado es La caldera (o caldereta) de langosta, una sopa espesa a base del mencionado crustáceo, es un plato de fama internacional.


De la tradición campesina - además del típico queso Denominación de Origen Mahón, que aquí podrán adquirir a un excelente precio-, nos ha llegado el oli-aigua, un plato pobre por sus componentes (tomate, agua, un poco de aceite...) pero sorprendentemente agradable. A veces se toma acompañado de higos, fruto abundante y barato en Menorca. Este plato representaba a menudo, años atrás, el alimento básico del "payes" menorquín.

La carne de Menorca es excelente, los chuletones de ternera de Menorca, el cabrito asado o el cordero lechal. Y en cuanto a la repostería muestra reminiscencias árabes, como el uso de la almendra y la miel (cuscusó, menjar blanc), y también una adaptación al gusto británico, con una amplísima variedad de pastelería.


A diferencia de sus vecinas Mallorca e Ibiza, Menorca no tiene una agitada vida nocturna, pero a cambio ofrece una rica tradición en fiestas populares que se celebran en los distintos pueblos de la isla durante todo el verano. Una experiencia única para los visitantes. Así que aunque haya llegado a la isla en busca de su reputada paz y tranquilidad, siempre podrá dejarse llevar por una de sus aclamadas fiestas patronales.


Las fiestas más importantes de la isla son las de Sant Joan, en Ciutadella de Menorca, que se han celebrado sin interrupción a lo largo de los siglos, ligadas al caballo. Los orígenes de la fiesta. Al parecer, el festejo nació en una cofradía, de la que formaban parte los cuatro estamentos sociales de la época (iglesia, nobleza, artesanos y payeses), aunque con los años se han añadido diferentes actos que han dado a la fiesta un caracter único y particular.


Los personajes mas destacados son la junta de caixers que son los representantes de la antigua sociedad de Ciudadella: nobleza(caixer senyor), clerecía(caixer capellà), artesanos(caixers menestral casat y fadrí) y payeses(caixers pagesos). Tal y como lo hacían las antiguas obrerias,se nombran para ocupar este cargo durante un bienio. 


Las celebraciones comienzan a fines de junio y dan inicio al verano menorquín. Los jinetes entran a la ciudad montados en sus caballos, y en las calles y plazas una gran multitud de gente los espera para tocar a los animales y hacer que se pongan en dos patas mientras se les corea y se les festeja. Tanto jinetes como caballos van vestidos para la ocasión, siendo la ropa también uno de los elementos atractivos de las festividades. Estas fiestas son espectaculares y el número de visitantes se multiplica esos días. 


El caballo menorquín se caracteriza por su capa negra, por su valentía y nobleza. En sus venas corre sangre española, inglesa y árabe. Los movimientos menorquines y la “elevada” hacen las delicias de todos los asistentes a la fiesta de Sant Joan.


Camino Natural Camí de Cavalls


“El Camí de Cavalls no es, tan sólo, un camino hecho de la suma de veredas o senderos, que da la vuelta a la isla, sino un patrimonio colectivo que forma parte de nuestra identidad” 


El Camí de Cavalls es un camino histórico que se remonta a finales de la Edad Media. Utilizado anteriormente por patrullas a caballo para el control de las zonas costeras, nos ofrece hoy en día la oportunidad de descubrir los más bellos parajes de esta isla Reserva de la Biosfera. Aunque estuvo un tiempo en desuso la implicación de la sociedad menorquina ha conseguido que desde el año 2010 vuelva a ser transitable en su totalidad.

El Camí de Cavalls de Menorca o como también se le conoce como el GR-223, es un sendero que se circunvala la isla de Menorca, que tiene 185 Km y que prácticamente discurre por la costa menorquina. Los documentos históricos, aunque no de manera exhaustiva, nos aportan algunos datos importantes, como las documentos referentes al “Camí de Cavallers” 1683 o las instrucciones del Gobernador Richard Kane durante la dominación Británica de la isla.

A lo largo del siglo XX el Camí de Cavalls sufrió un deterioro notable principalmente por su falta de mantenimiento y del desuso de algunos de sus tramos. Para recuperar de manera efectiva la utilidad de este camino, se promulgó en el año 2000 una ley cuyo objetivo principal era establecer un paso público sobre el trazado original del Camí de Cavalls, para permitir su uso general, libre y gratuito.

Gracias a esa ley ahora el Camí de Cavalls es un lugar frecuentemente transitado por senderistas y turistas a pie, a caballo o en bici, que disfrutan de las magníficas vistas y de la fauna y flora de Menorca.

Las excursiones están diseñadas para descubrir los tesoros y rincones más auténticos que el camino nos depara. Paisajes Mediterráneos, naturaleza en su máximo explendor, barrancos y vistas al mar, todo aderezado con tonificantes y refrescantes baños en la epoca de verano en calas y playas paradisiacas.

Si te interesa recorrer el camino en cualquier medio, (VER MAPA) lo más conveniente es informarte previamente sobre la dificultad del trazado. Hay algunos tramos que se pueden realizar en bici y a caballo, pero hay otros bastante impracticables a menos que vayas a pie. A pesar de eso, si eres hábil con tu Mountain Bike o en la monta, lo más probable es que te aventures a recorrer varios de los tramos del Camí.


Rica en patrimonio histórico


Lithica es una cantera de marés que, desde que dejó de funcionar como tal en 1994, se convirtió en una suerte de refugio cultural por iniciativa de una escultora.


Durante el verano, entre las enormes paredes verticales de impresionante acústica se celebran conciertos. Pero incluso cuando no los hay, perderse en el laberinto y por los jardines colindantes que han recuperado especies endémicas de la isla es una maravilla que nadie debería obviar. 


Lithica, a tan sólo un kilómetro de distancia de Ciutadella, es sólo uno de los monumentos pétreos de Menorca. La isla es riquísima en construcciones megalíticas que se remontan a la Edad de Bronce. El conjunto talayótico de Trepuco –a dos kilómetros de Maó–, el poblado prehistórico de Son Catlar y el de Talatí sobresalen entre los muchos talayotes que se conservan en la isla, que ha hecho de la piedra una de sus señas de identidad.


Paredes verticales y laberintos de la antigua cantera de Lithica, un atractivo poco conocido de la isla 

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