Pongamos que hablo de Madrid

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Uxia 135

Convertida en el epicentro del sinsentido, Madrid tiene sus arterias contaminadas de dos virus diferentes, y el más letal es, sin duda, el del despropósito de sus dirigentes.


La pandemia ha tenido sus fases, que en la capital ha mostrado un gráfico  al más puro estilo de montaña rusa.


De los confinamientos en apartamentos “prestados”, a misas repletas de máscara de pestañas. De los bocatas de calamares, a pedir distancia de seguridad en rebosantes actos de Ifema.


De gestionar las residencias de mayores, a no decir eso, si no lo contrario.


De considerarse el adalid del control de las medidas en la pandemia, al descontrol más absoluto. 

Aquello de “esperen que salgan a la calle, porque lo de Núñez de Balboa les va a parecer una broma”, se ha cumplido. Pero en otros términos.


Nos parece una broma pensar que empezábamos a estar mejor, que seguro  podríamos salir mejores y más fuertes. Una broma los que salían a la calle con cacerolas, sin apenas conocer su utilidad. Pero el encierro no era ninguna broma. Ni las UCIs colapsadas. Ni el futuro incierto de nuestros abuelos.


  • Madrid. ¡Quién te ha visto y quién te ve…!


Paraíso de contrastes,  has perdido la esencia de ciudad sin cierre. Te obligan a confinarte por clases, porque un plan acertado de freno, parece demasiado difícil. Pero, más complejo es entender que tu calle es mejor que la mía.


Se acentúa lo banal, mientras lo esencial se sigue destruyendo.  No quiero hablar de la paupérrima  sanidad, no quiero hablar de protocolos en residencias, ni tampoco quiero hablar de las sucesivas dimisiones por la flagrante rebeldía que se ha impuesto en esta tierra.


No hace falta que se inunde el metro, para saber que está con el agua al cuello. Que una postura no se puede imponer sobre las demás. Que Madrid es una España dentro de España, pero no tiene potestad para gobernar sobre las demás Españas.


Una pandemia no se puede esconder detrás de decenas de banderas.  Recoger el guante y escuchar parece, a día de hoy, lo más sensato.


Y ojalá, que al contrario de lo que dice Sabina, "la muerte no pase en ambulancias blancas".


Pongamos que hablo de Madrid. 

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