Intramuros

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Que hace más de un mes que vivimos en una realidad diferente, no lo cuestiona nadie. De una manera u otra, hemos ido configurando nuestra rutina dentro de las paredes de nuestro hogar, creando universos individuales llenos de imaginación, a la par de horas de aburrimiento.


Los períodos de adaptación siempre son arduos y más o menos llevaderos para cada persona, por no hablar de la convivencia. Cualquier minuto de gloria, se vuelve tenso por el más ínfimo detalle. Sobre todo, cuando convives con tu más fiel enemigo.


La asfixia ya no se reduce a momentos, sino que la opresión se reitera sin tregua. No hay apoyos en proximidad, ni aire para coger impulso, pero sí una tortura física o moral que abarca a menores por encima de sus posibilidades.


Que nuestro país ha avanzado en el este campo no es hecho discutible. Diversas leyes ratificadas por el Convenio de Estambul, han logrado proteger a innumerables afectadas, pero a pesar de todo, algo falla. Y eso que falla, no siempre es la falta de medios.


Como bien he aludido, la situación en la que nos encontramos hace más débiles a víctimas de violencia de género. Sin embargo, y a pesar que de modo diligente, se han puesto encima de la mesa más medidas urgentes, hay sectores que niegan lo evidente, marcando en las votaciones el botón incorrecto.

¿Valen más unas víctimas que otras? O bien, reformulo la pregunta: ¿Es que de unas víctimas se puede sacar mayor rédito político que de otras?

Sin embargo, ese mismo griterío discrepante, se pone medallas en la defensa de las víctimas de tan acuciante pandemia. Y  ahora yo les pregunto: ¿Valen más unas víctimas que otras? O bien, reformulo la pregunta: ¿Es que de unas víctimas se puede sacar mayor rédito político que de otras?


No nos olvidemos que cada hogar es un mundo, cada persona una circunstancia y cada situación, se desarrolla de forma cóncava o convexa. Pero no, señores y señoras, nadie vale más que nadie, y de esta catástrofe todos seremos damnificados directa  o indirectamente.


No nos olvidemos de ELLAS, porque como diría la rememorada Frida Kahlo. “Amurallar el propio sufrimiento es arriesgarte a que te devore desde el interior”. 

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