Galicia Mágica

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Fernando Gonzalez

   Mi esposa y yo, llevábamos un tiempo deseando tener tiempo para practicar senderismo en algún lugar salvaje, solitario y recóndito. Estábamos empalagados de madrugones, desplazamientos, gestiones y compromisos laborales, papeleos,  diversas relaciones con seres humanos, pequeñas preocupaciones diarias, contratiempos inesperados... y de repente, una tarde soleada y templada se nos ofrecía para que la disfrutáramos en soledad y acompañados por uno de los muchos paisajes mágicos de nuestra amada y variopinta Galicia.



   Tres horas de desconexión de las sobredimensionadas pequeñas rutinas cotidianas, bastaron para que valorásemos lo fácil y barato que resulta disfrutar de la vida a través del dulce sonido del soplo del aire, la puesta del sol de un cielo azul, y la estupenda vista panorámica de islas, playas, poblaciones, trail-runners, caballos, estanques de aguas, grandes rocas, montes, valles, poblaciones y multitud de árboles que rodeaban las distintas pistas forestales. El tiempo pasa rápidamente, y cada vez disfruto más y más de poder realizar incursiones en alguno de los miles de  bellos y solitarios parajes que se encuentran en los territorios luso-galaicos. Esas conversaciones tranquilas, profundas, sin prisas y con tus seres queridos, mientras tu alma y sentidos se deleitan en las maravillas de Dios, no tienen precio y las puedes gozar gastando poco dinero.


   Es verdad que Galicia no es una de las potencias autonómicas del turismo español, pero en mis años de viajes por la Península Ibérica, pocas regiones pueden competir con ella en cantidad y variedad de hermosos cuadros paisajísticos. Por ello, todos los privilegiados que la habitamos, debemos estar vigilantes en conciliar el aumento de turistas con el cuidado y la protección de estos muchos tesoros territoriales que ningún gallego ha podido conocer en su totalidad. ¡Debemos seguir apostando por un Turismo respetuoso con nuestro Medio Ambiente! Los cañones del Sil, Cíes, Ons, Sálvora, Rías Baixas, Rías Altas, Ancares, Fisterra, Costa Lucense, parques naturales, pueblos y resto de lugares con encanto, deben ser preservados de intereses egoístas y desmedidos, por el bien de las generaciones presentes y futuras. 

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