Wellington. Nueva Zelanda (segunda parte)

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     ¡Welcome again to New Zealand! Bienvenidos de nuevo a nuestras antípodas, donde viven más ovejas que personas, los helechos miden cuatro metros, o los hombres van en pantalón corto en pleno invierno. Donde los pasajeros del autobús, al apearse en su parada se despiden y agradecen sonrientes el trayecto al conductor, y donde el celebérrimo ritual maorí conocido como haka, es esperado en cada encuentro internacional de rugby. En esta segunda entrega exploraremos la gastronomía y la naturaleza de esta recóndita tierra; además, visitaremos la casa de su escritora más famosa: Katherine Mansfield. ¿Ready?


     Por lo que ya sabes hasta ahora, no te debería extrañar que el cordero sea el ingrediente estrella de su cocina, además del producto más consumido y exportado del país. De entre sus platos, fruto del influencias y mezclas maorí, inglesa y asiática, uno de los más apreciados es el cocinado al modo maorí llamado hangi, que consiste en hacer una agujero en el suelo y rellenarlo de piedras previamente calentadas al fuego, después se añaden los ingredientes y se tapa de nuevo con tierra. Seis horas más tarde se puede saborear un delicioso plato de carne o pescado con verduras.


      Las cenas suelen ser copiosas, y por ello no es infrecuente que nos sirvan un cordero asado con verduras o una tarta salada, generalmente rellena de carne de ternera. Y dado que es un territorio insular, el marisco fresco es otra de sus especialidades: ostras, mejillones de labio verde o buñuelos de pana que nunca llegué a probar. 


     Siguiendo la tradición al más puro estilo británico, son tremendamente aficionados al fish and chips, con pescado local. Si queremos poner la guinda con un buen postre, hay que probar la pavlova a base de merengue recubierto de nata y trocitos de frutos rojos por encima. Se disputa su autoría con su vecina Australia. Ambas naciones alegan que lo crearon en homenaje a la bailarina rusa cuando se desplazó a Oceanía en una de sus giras. Salir a tomar un vino o regar cualquiera de los platos mencionados con caldos del país es una muy buena opción. Existen magníficas bodegas y el vino neozelandés es reconocido también internacionalmente. Y para los amantes de la cerveza les tengo que dar la buena noticia de que hay una gran variedad artesanal, si bien mi preferida y la que tomaba siempre es la de jengibre, ginger beer, de la marca Bundaberg con un refrescante toque picante.


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Extensión ganadera en Nueva Zelanda


     Si se sale de fiesta por la calle más animada de Wellington, Cuba Street, es muy probable que apetezca bien entrada la noche una de esas sopas calentitas y reparadoras que casi todos los pubs suelen ofrecer. O, si vamos de formalitos, también podemos pedir un ginger, honey and lemon, bebida caliente de jengibre, miel y zumo de limón que sienta fenomenal a las gargantas resentidas por el frío viento de Welli. La experiencia mejora si la miel es de manuka, una variedad que solo se da en Nueva Zelanda. Los kiwis la utilizan como medicina, especialmente si tiene un MGO alto, es decir, un contenido elevado de metilglioxal, el compuesto responsable de su potente capacidad antibacteriana. La miel de manuka también se emplea en uso tópico por sus cualidades antifúngicas y para acelerar procesos de cicatrización. Si vas a Nueva Zelanda, no te vengas sin un bote de esta maravilla de la naturaleza.


     En todos los viajes suelo comprar algo típico. En Nueva Zelanda hay dos claras opciones que están presentes en todas las tiendas: ojos de gato y paua. La primera, también llamada ojo de Shiva, es una concha que abunda mucho en las playas. Son pequeños botones blancos con una espiral que va del gris al marrón, según la dieta del molusco del que procede. La paua es el interior de una concha de tonos  azules,  rosas y verdes iridiscente. Luce maravillosa en collares, abalorios y decoración de tótems. Los símbolos maoríes como el koru, que representa la espiral del helecho gigante plateado endémico de NZ, se encuentra en muchos tatuajes, y en multitud de tallas y arte local. Representa el ciclo continuo de la vida, la renovación y también la paz, y hay muchos colgantes, llaveros y figuras que lo incluyen. Del mismo modo, la hoja de la ponga como también se conoce al helecho gigante, es el logotipo de la selección de Rugby tanto masculina como femenina (All Blacks y Black Ferns); de la selección de fútbol (All Whites); y del equipo nacional de cricket (Black Caps). Se ve por todas partes.


2 Helecho gigante

Helecho gigante

 Un impresionante patrimonio natural                                                          

     Nueva Zelanda posee un impresionante patrimonio natural; por ello, en el aeropuerto el personal puede llegar a retirar el calzado de los turistas para limpiar las suelas. El objetivo es evitar la entrada de patógenos que causen estragos en su frágil ecosistema, especialmente si el visitante declara portar calzado de montaña en el test previo a su ingreso. En este contexto de cuidado y vigilancia medioambiental, las zarigüellas (possums australianos) son considerados una plaga dañina. Este roedor afecta a su ecosistema, se alimenta diariamente de toneladas de vegetación, y contagia enfermedades.  Ante este panorama hay vía libre para su exterminio. Tanto es así, que en la bellísima ciudad de Napier existió un museo que pude visitar y que mostraba e instruía acerca de todas las maneras posibles de matar possums, y es harto frecuente verlos intencionadamente espachurrados por las ruedas de los coches en cualquier trayecto que se haga por carretera.


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Paisaje típico de la costa Nuevazelandesa


     En uno de esos trayectos fui a visitar la hermosa casa natal de la escritora Katherine Mansfield. De color crema, con dos pisos, amplias ventanas y recubierta de listones de madera dispuestos horizontalmente, transporta al visitante a tiempos decimonónicos. La rodea un pequeño y cuidado jardín, en el que resulta fácil imaginar a la pequeña Katherine leyendo en algún rincón o practicando escalas con su violonchelo. Nacida en Wellington como Kathleen Beauchamp en el año 1888, Mansfield destacó en el campo de la novela corta y el cuento breve, y se convirtió con el tiempo en una de las figuras más representativas del género.  En 1903 fue a estudiar a Inglaterra junto con dos de sus hermanas. El padre era un importante banquero que llegó a ser presidente del Banco de Nueva Zelanda. Su hija tenía un alma más bohemia y prefería la vida en las vibrantes capitales europeas. Vivió en Londres, París, Italia o Suiza, casándose varias veces y teniendo múltiples relaciones. Fue considerada uno de los mayores talentos narrativos del modernismo literario, que buscaba romper con la herencia victoriana.


      Las colecciones de cuentos de Mansfield llamaron la atención tanto de la crítica como del público. En sus relatos, al igual que su coetánea y conocida Virginia Woolf, quería mostrar la vida cotidiana y cómo se relacionaban las clases sociales cultivadas, logrando dotar de una alta carga emocional interior a sus personajes. Publicó relatos como Preludio, 1918; novelas como El Áloe, 1930; poemarios, El pájaro herido y otros poemas, 1923; y de manera póstuma diarios y cartas. Murió muy joven de tuberculosis, en Francia a los 34 años.


4 Casas de madera de un barrio residencial

Casas de madera de un barrio residencial


       Y con Mansfield ponemos fin a la visita de este increíble y lejano país, donde a buen seguro, si recorres sus valles, playas, ríos, dunas, glaciares, bosques, montañas, o si contemplas en las noches despejadas las constelaciones australes icónicas del hemisferio meridional -que aquí  no podemos ver, como la Cruz del Sur que aparece en su bandera nacional-, solo tendrás aliento para decir: “a veces Dios exagera”.


      Whakawhetai koe     (Gracias en maorí)      


Autora: Pilar Nieto Montero.

                                                        

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