Nueva Zelanda. Wellington (parte 1)

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     Aotearoa son nuestras antípodas. Con aproximadamente la mitad de extensión y una población similar a la de la comunidad de Madrid, la tierra de la gran nube blanca larga como la llamaron los maoríes, sigue teniendo más ovejas que habitantes, unas cinco por persona.


      Cuando la visité tuve la oportunidad de ver durante un amanecer esa nube larga y baja que no parecía terminarse nunca y eso, junto con su vegetación jurásica, fue lo que primero me impactó de Nueva Zelanda. 


1 Amanecer en Nueva Zelanda

Amanecer en Nueva Zelanda


       Llegué a Wellington un mes de febrero, y aunque allí era pleno verano me recibió un clima húmedo y ventoso. Tiempo después averigüé que la capital es conocida popularmente como windy Welli (ventoso Welli). Si he de ser sincera, debo decir que no me cayó bien de primeras. Venía de estar viviendo una temporada en la cálida y amable Sudáfrica, y el contraste no me fue agradable. Empecé compartiendo casa con un grupo de jóvenes que no hicieron nada por resultar acogedores o mínimamente simpáticos, menos mal que previamente a mi viaje había contactado por Facebook con una kiwi encantadora, Crystelle, y con Raquel, una profesora de español oriunda de Madrid que me enseñó la ciudad y algunos de sus acogedores cafés. Más tarde conocería a gran parte de la colonia española residente en Wellington y alrededores, y comenzaron a lloverme invitaciones de picnins y estancia en más casas de las que podía aceptar. Si Raquel fue mi guía en Wellington y la que me mostró el Museo Te Papa Tongarewa, lugar de tesoros en lengua maorí, Ana, de Bilbao, y la asturiana Puri, junto con su marido Dave, me acogieron en sus casas casi de manera indefinida. En la de la primera establecí mi campamento base cuando decidí embarcarme en la flota de autobuses Magic New Zealand para recorrer las islas; en la de la segunda prácticamente tuve que salir huyendo, porque de no hacerlo aún seguiría allí.

 

2 Autobu00fas de lu00ednea Magic New Zeland

Autobús de línea Magic New Zeland


      Wellington está situada en el sur de la isla Norte. Desde la ciudad salen ferris que, cruzando el estrecho de Cook, llevan a la isla Sur, más despoblada aún que la norte. El nombre del estrecho hace honor al capitán de la Marina Real británica, James Cook, quien fue también un reputado cartógrafo y explorador que ostenta el honor de haber sido el primero en circunnavegar Nueva Zelanda, además de haberla cartografiado con gran detalle en una escala nunca lograda hasta entonces.


     Si con Raquel visité el inmenso museo de seis plantas, conocido familiarmente como Te Papa, su interesante colección de tótems, objetos rituales y artísticos de la cultura maorí, fósiles y colecciones históricas, ya a solas y por mi cuenta, inspeccioné la biblioteca central Te Matapihi Ki te Ao Nui. De ella lo primero que me fascinó fue uno de sus vigilantes: era maorí y tenía toda la cara tatuada, lengua incluida. Pensé en pedirle una foto cuando me fuera; sin embargo, me encontré con la decepción de que ya no estaba. Lo que me retuvo tanto tiempo en la biblioteca fue una prolija exposición temporal titulada “Kiwi compañeros”, sobre los neozelandeses voluntario de las Brigadas Internacionales que partieron hacia nuestro país como parte del apoyo al bando republicano durante la contienda de la Guerra Civil. Me sobrecogió ver esa parte de la historia de España desde el remoto lugar del que procedían aquellos hombres.

La denominación de “kiwi” a cualquier neozelandés no es en absoluto peyorativo

     Tal vez te haya sorprendido el nombre de la biblioteca y del museo, y es que desde 1987 el maorí es, junto con el inglés y la lengua de signos neozelandesa, uno de los tres idiomas oficiales del país. Instituciones y centros culturales la emplean como reconocimiento y reparación histórica. De hecho, pueden presumir de haber logrado una marcada identidad bicultural que se siente en todos lados. Por otra parte, la denominación de “kiwi” a cualquier neozelandés no es en absoluto peyorativo, sino que es el gentilicio con el que se autodenominan con orgullo. Kiwi es el ave símbolo nacional del país, y por supuesto la fruta, que tomó el nombre del pájaro debido a su parecido en cuanto al color y a la pelusa, semejante al ligero plumaje que lo cubre.


     No hay turista que visite la ciudad que no acabe topándose con un complejo arquitectónico que incluye edificios de diversos estilos: el Parlamento, que tanto enorgullece a los neozelandeses. Lo compone un edificio de factura neoclásica eduardiana; a su lado otro brutalista de hormigón con forma de colmena, el más icónico, que simboliza el trabajo y la cooperación en política internacional; y junto a ellos la biblioteca del Parlamento de estilo gótico victoriano de finales del siglo XIX, que guarda archivos históricos y legislativos. Personalmente, tal mezcla de estilos me resulta un tanto inquietante y no llego a comprender bien por qué es tan admirado.


Estudios Weta Cave

Estudios Weta Cave


     Si con el parlamento te acabas topando casi inevitablemente, para llegar a las icónicas localizaciones de la Tierra Media, donde se rodó El Señor de los Anillos y El Hobbit, hay que desplazarse ex profeso. En menos de una hora desde el centro de Wellington, se llega a los frondosos bosques de Kaitoke Regional Park, en Rivendel, donde se escenificó el hogar de los elfos. 


Kaitoke regional park

Kaitoke Regional Park


      Y sin salir de la capital se puede visitar el Weta Cave, el estudio donde se crearon los vestidos, las criaturas y los efectos de la conocida saga escrita por el británico J.R.R. Tolkien y dirigida por el neozelandés Peter Jackson.  Hoy por hoy, visitar el estudio y las localizaciones se ha convertido en una de las principales atracciones turísticas. 


4 El Hobbit

El Hobbit


       Además de por sus innumerables atracciones, Wellington es una ciudad amable, pensada para los niños y las familias con niños. Hay una infinidad de sitios para ellos, parques, columpios y zonas infantiles por todos lados. También es una ciudad apta para los picnics de los que los kiwis son muy aficionados. Les encantan los deportes en general, y los de riesgo en particular: es el paraíso para senderistas, espeleólogos, escaladores, paracaidistas, amantes del puenting, del barranquismo, del kayak, del surf, etc. Y entre las visitas culturales y las actividades deportivas, o las caminatas por increíbles parajes naturales se pueden degustar apetitosos platos fruto del maridaje británico-maorí e incluso oriental.


5 Paisaje tu00edpido de Nueva Zelanda

Paisaje típico de Nueva Zelanda


      Para los amantes de la carne, Nueva Zelanda posee una industria cárnica de alta calidad. Pero de comida, bebida, postres, plantas, animales, compras y literatura, seguiremos hablando en un próximo artículo.


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