En el mes de junio de 2025 hice un viaje a Malasia y Singapur en el que, entre otros muchos componentes y atractivos que ambos países ofrecen, pude disfrutar del gastronómico. Varias ciudades malayas, como Kuala Lumpur, Georgetown (en la isla de Penang) o Malacca, además de la ciudad-estado de Singapur, destacan por contarse entre las principales mecas culinarias de un Sudeste Asiático en el que no obstante también destacan las gastronomías tailandesa y vietnamita.
Mi inmersión en la gastronomía malaya comenzó en la primera parada de nuestro viaje, Singapur, en la que, durante nuestra estancia, hicimos varias comidas dignas de mención; la primera de ellas, que fue nuestra primera cena en la ciudad, en un restaurante cerca del hotel de aspecto no demasiado atractivo (el toldo del establecimiento acumulaba más mugre y suciedad de la que creía haber visto en mi vida en cualquier elemento de un restaurante que hubiera visitado) pero con platos exquisitos; otra cena en el barrio árabe conocido como Kampong Glam en la que también probamos platos locales, una comida en China Town en la que en cambio nos adentramos en una gastronomía con un toque más chino y otra comida en una casa de comidas denominada Isle Cafe que se ubicaba en el interior de un mercado tradicional que encontramos en una de las zonas modernas de la ciudad —en concreto en el barrio de Bencoolen— en el que de nuevo probamos varios platos que nosotros mismos pudimos confeccionar añadiendo alimentos e ingredientes de los que tenían a disposición de sus clientes ese día.
Isle Café
En estos restaurantes pedimos en todos los casos platos variados para compartir entre los cuatro comensales que éramos, destacando algunos como el hokkien mee (noodles fritos acompañados de distintos tipos de carne y de verduras), el nasi lemak (arroz frito de nuevo acompañado de pollo o ternera y verduras), el babi manis (cerdo frito dulce especiado) o el laksa (una sopa de fideos de nuevo aderezada con distintos ingredientes).
Oferta culinaria del Isle Café
Ya en Malasia, las experiencias culinarias en la capital, Kuala Lumpur, las repartimos entre los distintos barrios. Entre otras, hicimos una comida en un restaurante indio de Little India y otra en un restaurante tradicional malayo que estaba muy cerca del hotel en el que nos alojábamos, probando en ambos casos platos típicos de ambas cocinas como el tandoori chicken en el caso del indio y un enorme pescado local cocinado al horno en el caso del malayo. Sin embargo, la experiencia culinaria en la capital comenzó a ponerse aún más interesante cuando visitamos el legendario callejón de comida callejera de Jalan Alor. En lo que termina constituyendo un espectáculo sin igual, decenas y probablemente cientos de puestos de comida callejera se alinean a ambos lados de la calzada central, ofreciendo un auténtico espectáculo visual en el que destacan las satay o brochetas, que pueden encontrarse de pollo, de ternera, de cerdo, de pulpo, de gambas, etc.
Comida callejera de Jalan Alor
Detrás de los puestos callejeros se alinean, además, innumerables restaurantes, por lo que la oferta culinaria termina siendo casi infinita, aunque muchos de los establecimientos reciben tal afluencia de gente que no es posible encontrar sitio, especialmente si el callejón se visita un sábado por la noche, como hicimos nosotros. Con todo, nuestra mejor experiencia culinaria en la capital malaya llegó en el barrio de China Town, más concretamente en el restaurante Mee Tarik Zhang Lala, un establecimiento que conocimos por casualidad mientras paseábamos por allí, al que entramos a echar un vistazo para ver si nos convencía, y del que rápidamente quedamos fuertemente prendados (tanto es así que, además de esa primera vez, que fue una cena, volvimos dos veces más, para hacer otra cena y, ya en nuestro último día en Malasia, hacer una comida).
Oferta culinania del restaurante Mee Tarik Zhang Lala
Este restaurante contaba con un moderno sistema de pedidos con el que se descargaba un código QR que llevaba a un espacio web en el que aparecían todos los platos —y todas las bebidas— que estaban en la carta y en el que se podía hacer el pedido en el momento sencillamente agregando ítems a una cesta y confirmando el pedido. Una vez el pedido estaba hecho, y por increíble que pueda aparecer, apenas un par de minutos después de haberle dado al botón de confirmación, las bebidas, y a veces algunos de los platos, ya estaban llegando a la mesa (y los demás platos no tardaban mucho más), gracias al trabajo de un ejército de camareros (fácilmente identificables porque llevan una toalla en el cuello) que continuamente están llevando platos de la cocina a las mesas. La cocina, que está a la vista de todos los clientes, es también un auténtico espectáculo en sí mismo, ya que es posible observar a los cocineros trabajando con la pasta de la que después salen los noodles alargados que son característicos en el establecimiento (precisamente las palabras “mee tarik” que forman parte del nombre del restaurante hacen alusión a los “fideos estirados” que son el objetivo de su manera de manipular la pasta con las manos antes de cocinarla). Todos los platos que pedimos en el restaurante (brochetas de distintos tipos de carne, alitas de pollo también ensartadas en un pincho, cerdo agridulce, samosas, platos con los “noodles estirados”, etc), nos encantaron.
Otro aspecto de la oferta culinania del restaurante Mee Tarik Zhang Lala
En Malacca aprovechamos para probar la comida nyonya, que es como se conoce a la gastronomía de los peranakan, los malayos de origen chino, o si se prefiere, los malayos descendientes de familias chinas que emigraron a Malasia hace varias generaciones. La calle Jonker Street, la más animada de la ciudad, exhibe a uno y otro lado multitud de restaurantes en los que es posible probar este tipo de cocina de fusión entre la malaya y la china en la que destacan platos como el ayam pongteh (un estofado de pollo) o la nyonya laksa (una sopa de fideos acompañada por algún tipo de carne o de verdura).
Comida Malacca
Por último, ya en Georgetown, en la isla de Penang, nos dimos el capricho de comer en uno de los dos restaurantes con una estrella Michelín que hay en la ciudad, en concreto en el Auntie Gaik Lean Old School Eatery. También de cocina peranakan o nyonya, se trata de un local muy peculiar, ya que se ubica en lo que fue una antigua joyería, e incluso uno de los salones que tiene se encuentra en el lugar en el que figuraba la cámara de seguridad (aún es posible apreciar la estructura de la puerta blindada). No resultó sencillo comer allí, ya que fuimos una noche a intentar cenar y no había mesas libres, y al intentar hacer una reserva esa misma noche para el día siguiente, nos dijeron que tenían todo completo. Sin embargo, al día siguiente, y por casualidad, estábamos cerca de la zona a la hora de comer y por sugerencia —e insistencia— de uno de mis compañeros de viaje, decidimos ir a probar suerte; no pudimos haber tenido mejor idea, ya que, al ser algo más de las dos de la tarde (una hora ya tardía para comer en Malasia), el momento punta de las comidas había pasado y como consecuencia de ello ya contaban con mesas libres, por lo que nos invitaron a pasar. Gracias a ello, pudimos disfrutar de varios platos que además podíamos pasarnos de unos a otros ya que la mesa contaba con una especie de rueda giratoria que cada comensal podía activar a su antojo para acercarse el plato que quisiera. Pedimos varios, entre los que destacaron el baba delight (un surtido de aperitivos), el nyonya beef rendang (ternera caramelizada al curry) y el hong kae (pollo con especias aromatizadas). Lo mejor de todo es que el coste de la comida fue el equivalente al de un restaurante de rango medio-bajo en España.
Si estás pensando en viajar a Malasia y Singapur, no dejes de considerar el disfrutar experiencias gastronómicas similares a estas, pues se trata de destinos que te brindarán muchas oportunidades para ello.
Autor Texto y fotos: Sergio Gonzalo Rodrigo
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