El Cabo de Hornos es el punto más austral del archipiélago de Tierra del Fuego, en el sur de Chile. Si bien no es el punto más austral de Sudamérica (que es el Islote Águila), marca el límite norte del Pasaje de Drake y la confluencia de los océanos Atlántico y Pacífico, por lo que es conocido convencionalmente como “el fin del mundo”.
Fue identificado por navegantes y bordeado por primera vez en 1616 por los holandeses Willem Schouten y Jacob Le Maire, quienes lo bautizaron como Kaap Hoorn en honor a la ciudad de Hoorn, en los Países Bajos.
Durante décadas, fue un hito importante en la ruta de los clippers, mediante la cual los veleros transportaban buena parte del comercio alrededor del mundo.
Las aguas que rodean el Cabo de Hornos son particularmente peligrosas debido a los fuertes vientos, las grandes olas, las corrientes y los icebergs, lo que lo convierten en un hito geográfico y una satisfacción en los viajeros que consiguen pisarlo siempre que las condiciones climáticas lo permitan.
En ocasiones, suele visitarse bajando en zodiacs por los barcos que van o vuelven de la Antártida y regularmente por los cruceros de la compañía Australis que realizan sus trayectos de cinco días/cuatro noches entre Punta Arenas y Ushuaia y viceversa entre septiembre y abril, es decir durante la primavera y el verano austral, efectuando esta espectacular ruta a través del Canal de Beagle, el Archipiélago de Tierra de Fuego, la Cordillera Darwin y el Parque Nacional Alberto de Agostini.
Cuando tras contemplar glaciares, icebergs, colonias de pingüinos, una ingente variedad de aves ausentes en otras latitudes y una flora capaz de sorprender al mismísimo Charles Darwin, los viajeros que han conseguido poner el pie en el Cabo de Hornos regresan a alguno de los dos buques de la compañía: el Stella Australis o el Ventus Australis, celebran con alegría el poder haber pisado el considerado “fin del mundo” con una buena botella de vino de los que se sirven a bordo.
Entre ellos destacan los sauvignon blanc Cono Sur Gran Reserva o Bisqueret La Joya, o tintos Montes Twins Red Blend Gran Reserva o Cono Sur Patagonia Grand Reserva Carmenère para celebrar el hito.
U otros como el Bisqueret Petirrojo Sauvignon Blanc, Aves del Sur Reserva Chardonay, Veramonte Gran Reserva Chardonay, Chateau los Boldos Reserva Carmenère, Kairen Reserva Malbec o Queulat Pinot Noir Gran Reserva, toda una cuidada selección de los buenos vinos chilenos caracterizados por su intenso perfil frutal y baja acidez gracias a la diversidad de climas y suelos del país que permiten el cultivo de cepas como Carmenère y Cabernet Sauvignon ofreciendo desde vinos tintos especiados y estructurados hasta blancos frescos y vibrantes.
Todos ellos para acompañar una cuidada gastronomía entre la que destacan filete de merluza al limón con salsa de centolla, mero magallánico al horno, filete de atún a la plancha con ostiones al vino blanco, garrón de cordero magallánico al vino, costillar de cerdo asado en cocción lenta, los correspondientes ceviches y el siempre presente salmón ahumado chileno que destaca por su color naranja rosado, textura jugosa y sabor delicado a mantequilla gracias a un proceso que combina salmuera y humo natural de maderas.
Hoy en día realizar un viaje de estas características resulta sencillamente espectacular por la belleza de los paisajes, especialmente la gran cantidad de los glaciares que se pueden contemplar y la variedad tanto de la fauna como de la flora magallánica.
La necesidad de buques para rodear el Cabo de Hornos se redujo considerablemente con la apertura del Canal de Panamá en agosto de 1914. Pero navegar a su alrededor todavía se considera uno de los mayores desafíos de la navegación a vela. Marca el límite norte del Pasaje de Drake, el estrecho entre Sudamérica y la Antártida y la Armada chilena mantiene una estación compuesta por una residencia, un edificio de servicios, una capilla y un faro.
A poca distancia de la estación principal se encuentra un monumento conmemorativo, que incluye una gran escultura del escultor chileno José Balcells con la silueta de un albatros, en memoria de los marineros que murieron al intentar rodear el Cabo de Hornos.
Charles Darwin escribió: “La sola visión de una costa así basta para que un habitante de tierra firme sueñe durante una semana con naufragios, peligro y muerte”.
Volver del “fin del mundo” con buen sabor de boca representa, sin duda alguna, una gran satisfacción.
Texto y fotos: Román Hereter
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