La expresión “Dios ha muerto” de Friedrich Nietzsche, en la que el filósofo a través de esa insinuación quiso poner de manifiesto, no la muerte del todopoderoso, sino, evidenciar la pérdida de la fe y de la creencia en Dios que habían venido siendo el soporte de la moral y el sentido de la vida, pero que ya no lo eran en una sociedad moderna. Para Nietzsche, la Ilustración y la ciencia habían erosionado aquella autoridad de Dios.
Dios ya no era la luz ni el propósito que guiaba a la humanidad. Con aquella expresión quería poner de relieve que ello suponía el fin de la filosofía occidental basada en un mundo suprasensible y absoluto. Afirmaba que ello derivaba de la propia responsabilidad humana, decía "nosotros lo hemos matado", Nietzsche y sostenía que la humanidad, con su racionalismo, había convertido a Dios en algo irrelevante. En consecuencia, debía crear nuevos valores y un nuevo sentido a los perdidos.
La consecuencia era el nihilismo al que conducía la "muerte de Dios" y de ahí a la creencia de que nada tenía valor ni sentido.
Como respuesta, Nietzsche proponía la figura del Superhombre (Übermensch), un ser que trasciende la moral tradicional y crea sus propios valores, convirtiéndose en su propio dios.
En la misma línea, parafraseando a Nietzsche, podemos afirmar que el ”Derecho Internacional ha muerto”.
Acontecimientos recientes a nivel internacional así lo han puesto de manifiesto. Por poner tres ejemplos, la invasión de Ucrania, la intervención armada de Israel en Gaza y más recientemente la intervención militar en Venezuela y la “extracción” del presidente de la república, ordenadas por Donal Trump.
No voy a entrar en los argumentos utilizados en cada uno de los casos, pues, resulta incuestionable que se trata de falacias, que en todos los casos parten del principio de que: “el fin justifica los medios”. Siempre se esgrime una justificación respetable, ocultando los verdaderos intereses de la intervención.
El 26 de junio de 1945 se firmaba de la Carta de las Naciones Unidas 1945 el propósito declarado en la Carta era mantener la paz y la seguridad internacionales, fomentar las relaciones amistosas entre estados, promover la cooperación internacional y servir de centro para armonizar las acciones de los estados en el logro de dichos objetivos. La ONU reemplazaba a la Sociedad de Naciones, fundada en 1919, como consecuencia de que dicha organización no había servido para evitar otro conflicto internacional.
La ONU recalcaba en su creación su condición de universalidad, convirtiéndose en el instrumento para obligar así a los Estados miembros a respetar las leyes establecidas por la misma organización, evitando consecuencias nefastas para la paz mundial. Los fundadores de la ONU manifestaron tener esperanzas de que esta nueva organización sirviera para prevenir nuevas guerras. Estos deseos no se han hecho realidad como pone de manifiesto la experiencia.
En la actualidad, han variado sustancialmente las condiciones internacionales que impulsaron la gestación de la ONU debido a que, el sistema internacional ha sido alterado por determinados intervinientes, que lo han hecho infringiendo sistemáticamente el Derecho Internacional que hasta ahora había sido creado y sirvió, hasta ahora para mantener la paz.
El último acontecimiento de la intervención militar en Venezuela y el rapto de su presidente vulnerando flagrantemente el Derecho Internacional, así como la noticia de nuevas intervenciones militares, que anunció el presidente Donal Trump, basándose en la Doctrina Monroe que se justificaba como meramente defensiva, pero que realmente sirvió como justificación para consolidar la hegemonía estadounidense en el continente americano. Sus intervenciones en América Latina, se consolidaron como una política expansionista, que fue presentada como una defensa antiimperialista.
Aunque “Dios ha muerto”, “Dios nos coja confesados”, pues puede resultar que tampoco la ONU, como sucedió con la Sociedad de Naciones, sirva para evitar una tercera guerra mundial a la que, no tengo la menor duda, no les desagradaría a ciertos dirigentes políticos para conseguir sus intereses económicos que resultan incontestables y que es lo único que les guía.
José Manuel García Sobrado
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