Es una plural ventana que ofrece, desde su formato digital, emociones ligadas que se abren a la vida de los lectores desde el corazón, y no sólo desde los estímulos visuales. Hoy les propongo un viaje ligado al aroma de la nostalgia que, aunque suele basarse en memoria selectiva y colectiva, nos sigue hablando desde una mercería de referencia de Inca, cada día laborable del calendario, de algo real. Es La Florida.
El Modernisme en el escaparate central, muestra de maestro tallista
Sita en la céntrica Plaça d'Espanya de la ciudad capital de la comarca del Raiguer, centro a su vez de Mallorca, es un muy destacado ejemplo de negocio de proximidad que en 2021 fue reconocida como comercio emblemático por el Institut d'Innovació Empresarial de Balears (IDI), con placa alusiva en la fachada. Entonces la regentaban los hermanos Immaculada y Rafel Pau Cortès Forteza, continuando este ahora, tras alcanzar el pasado año sus primeros tres cuartos de siglo, continuando el testigo familiar. Rafel de espigado continente y sonrisa fácil es, además de un eficiente mercero de botiga antic familiar, amable y servicial, hombre de variados saberes y pasiones, pues además de un apasionado conocedor de la historia del centenario club local Esportiu Constància, es saxo tenor en la relevante banda de música de Artà. De donde el pasodoble dedicado por Rafael Martínez Lloréns por el 75 aniversario del negocio, que vino a unirse a los estilosos Goig (Gozos) en verso de la mano del escritor Joan Guasp Vidal cuyo origen está en las danzas provenzales y eran tradicionalmente de carácter religioso.
Rafel Pau Cortès, 4ª generación
En la familia otro hermano, Santiago, que fue párroco y hoy es capellán del monasterio Jerónimo Inquero, es periodista y un erudito de historia y cultura local, con varias obras publicadas, siendo una de las más recientes la edición
facsímil de “1921, Inquers viatgers. 4 Inquers per França i Itàlia. Diari d’un viatge”, en 2018.
El origen primero de la presencia del negocio se remonta a 1870, cuando llega de Palma Pere Cortès, para abrir tienda de tejidos y mercería, y formar familia. Con sus sucesores los negocios se separan, encargándose desde 1949 Joaquím Cortès con su esposa Joana Mª Forteza de la mercería en el local vecino al que denominaron La Florida.
Vista general de la fachada
Ambos la convertirán en un referente en toda la comarca, y buena parte de la isla, tanto por sus productos, entre el que destacó el forrado de botones, como por la atención personalizada. De la afición de Joaquím por la pintura es muestra una pequeña pinacoteca en lo alto de la pared de la mercería, cuadros en los que el padre de Rafel firma como Ximco.
Obra de Ximco, 1985, en la pequeña pinacoteca interior
Destaca en el exterior su singularísimo escapare antiguo que se abre en tres partes en un edificio que se asienta en un sólido sótano de bóveda de cañón. Emana un aire de Art Nouveau europeo, de fines del siglo XIX e inicios del XX, estilo conocido en el E peninsular e islas como Modernisme. Fue un movimiento artístico que unificó artes aplicadas y Bellas Artes a fin de conseguir la obra de arte total, y tuvo asimismo su reflejo cultural en la literatura y la música.
La puerta de entrada tiene escaparates acristalados de época, curvos en los extremos, y a su derecha, a todo lo largo del frontis, otros dos más, a modo de ventana que, asimétricos y de madera, se cierran con contras, todos del mismo tono de color. Arriba, repetido, el nombre de la mercería, con elegante caligrafía en minúsculas excepto las iniciales, entre formas curvilíneas.
Interior de la tienda
El piso es un interesante pavimento hidráulico doble, en blanco y negro el del fondo, al modo de los escaques de un tablero de ajedrez, el otro delante con un dibujo caleidoscópico entre una trama blanca y entrecruzamientos curvos. El estribillo de los Goig resume y sintetiza su ideario “Soc jo, La Florida: / de botoms i de randes ben farcida!”.
Regalo institucional, maestra ceramista Francisca Truyol y pasodoble dedicado por
Rafael Martínez Lloréns
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