Reforma en los cimientos laborales

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Uxia 135

      Para una generación como la “Millenial”, que lleva años sorteando una base de empleo precario e intensa devaluación salarial, la noticia de que la reforma laboral del Partido Popular empiece a diluirse, es un gran hito.


       Una reforma, la de 2012, que se inspiraba en la alta temporalidad con una excesiva rotación, experimentando que un tercio de los contratos durasen cinco días o menos, causando bajas durante el fin de semana. Un verdadero duelo para las cotizaciones en nuestro país que establece como mantra abaratar el despido improcedente o establecer un contrato indefinido sin indemnización por despido.


      Un país como España, que ha sufrido dos crisis casi consecutivas, percibe duramente el impacto de los obstáculos a la hora de iniciar la carrera laboral así como el perjuicio ocasionado por las reglas y hábitos del mercado de trabajo.


      Según la RAE, reformar equivale a modificar algo, por lo general con la intención de mejorarlo. Pues ello es lo que se presente con la actual reforma laboral, un acuerdo tripartito que cuenta con el apoyo de todos los agentes que se han sentado en la mesa de negociación.


      La política de empleo se desarrollará, dentro del Plan Anual de la política económica, en el marco de la Estrategia Coordinada para el Empleo regulada por el Tratado de Funcionamiento de la Unión Europea.


       Si algo hemos aprendido de la pandemia es que no todo puede ser recurrir al despido, por ello resulta clave mejorar la empleabilidad e impulsar la cohesión territorial y social para que nuestro país crezca, potenciando la “flexiseguridad”, la formación y las exoneraciones, cuando así sea posible.


      Unos cambios estructurales que sean el faro que indique el camino para un marco estable donde se exploren nuevas modalidades de ERTE, que tan bien ha funcionado, y donde se conjuguen políticas activas de empleo con políticas de protección frente al desempleo.


      Hasta ahora hemos convivido con una contratación temporal precaria, con devaluación salarial y con una negociación colectiva llena de rebajas. Es una llamada de socorro ante el diálogo social y la reinstauración de la plena ultraactividad de los convenios colectivos.


      Estamos ante un proyecto de reactivación del tejido laboral, que apueste por políticas centradas en colectivos prioritarios, con perspectiva de género y que elimine los estereotipos negativos por edad o sexo. Un proyecto que evite la erosión de los recursos del sistema de pensiones, que potencie la productividad de nuestras empresas y, sobre todo, que no precarice las vidas de los jóvenes.


     Un proyecto que resulta imprescindible para desembolsar los siguientes 12.000 millones de euros del fondo de recuperación para que nuestro país continúe avanzando.

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