El país del humo

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Sobrado 189X 200

         Esta España nuestra, está permanentemente en dudas y en ocasiones ciega como consecuencia de la constante presencia humo.


          El humo que resulta más patente es el de los gases producidos por la combustión de nuestros montes. Se perpetua por la desidia de nuestra clase política que se dedica a extender una cortina de humo sobre su inoperancia, disculpándose con los incendiarios y con el cambio climático. Sin embargo, no se toman medidas adecuadas para prevenir y evitar esa tragedia ambiental y económica. Se combate el humo del incendio con más humo.


          Pero el anterior no es el único humo, hay más, por ejemplo, el de la actuación expansiva de la clase política propagando humo sobre hechos sin entidad o relevancia, o de apariencia vana. Todo ello con la única intención de disimular su incompetencia y eludiendo entrar a resolver los problemas de la gente.


          Otro humo muy común es el de las fumatas de la vanidad, la presunción y la altivez de autoridades y funcionarios, que una vez que toman posesión de la plaza, en el ejercicio de la función distorsionan su condición de servidores públicos, para dirigirse a los ciudadanos como si siervos suyos fueren.


          Hay quienes actúan a humo de pajas, es decir, sin hacer ni decir algo vanamente, sino con la finalidad de conseguir su fin y provecho propio.


         A más de uno de los que ocupan magistraturas y otros puestos en la administración sería necesario bajarle los humos, para domar su altivez. Y me refiero a que tenemos una administración pública engreída de su potestas frente a los ciudadanos. Más de una vez el ciudadano sale echando humo de una oficina de la administración. Esto sucede, más en unas que en otras, por ejemplo, en la de la administración de justicia, lugar donde en vez de recibirte con un: ¿En qué podemos ayudarle?, la pregunta más común es: ¿Qué quiere? Y, en ocasiones, ponerle mala cara a alguien para que se vaya.


         Más humo, ahora en la sanidad, concretamente en la atención primaria, que está tan llena de humo que sus dependencias rebosan de él. Se ha dicho que con la pandemia la consulta telefónica ha venido para quedarse. Y resulta que se ha pasado del médico no te miraba a la cara, manteniendo la vista fija en el ordenador, a ya no tener presente al paciente. Y me pregunto ¿Cómo se puede hace un diagnóstico por teléfono? ¿acaso esa praxis no es una cortina de humo para encubrir la mangantería de algunos?


         Al hilo de lo anterior, podemos referirnos por ejemplo al policía al que le denuncian que hay un sujeto en el aparcamiento de un supermercado intentando engañar a la gente para hurtarle sus pertenencias y contesta que como el supermercado no tiene vigilantes, lo mejor es que la denunciante lo difunda en las redes sociales. Es decir, humo para eludir denuncias y no salten las alarmas del aumento de ciertos delitos, porque así hay que trabajar más.


         Y así el nuestro es un país de mercachifles que se dedican a vendernos humo y que tratan de convencernos con palabras o argumentos carentes de sentido. Y así vamos conociendo uno a uno a cada fulanito que le dimos un carguito.

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