Natalidad en descenso

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Fernando Gonzalez

 En la segunda semana de marzo, muchos medios de comunicación anunciaron que la natalidad en España caía a su nivel más bajo en los registros debido al confinamiento. Esta noticia, me animó a realizar un análisis de la serie histórica que indica el índice de fecundación desde 1960 hasta el 2019.


  Observando los años comprendidos entre 1960 y 1974, observo un alto y estable índice que se mueve entre el 2,77 y 3,01. Esto ocurre durante los mejores años económicos del franquismo. Desde 1975 hasta 1998, deduzco que las crisis económicas del 74-82 y 90-97, más la fuerte transformación del pensamiento de la sociedad sobre el concepto de familia, favorecen una espectacular bajada del 2,77 al 1,13. En los siguientes años de bonanza económica, hasta el estallido de la burbuja inmobiliaria del 2008, hubo un moderado y continuado repunte desde el 1,13 al 1,44. Por último, las importantes consecuencias de la crisis bancaria y del ladrillo, unidas al efecto Pandemia, probablemente provocarán que en el 2022 se baje al 1 o 1,05 según la evolución de las cifras de los últimos meses.


   Se puede afirmar que la situación económica y el pensamiento general de las nuevas generaciones españolas sobre el número ideal de hijos, son los dos aspectos que más influyen en las cifras de nacimientos. Nos enfrentamos a un creciente envejecimiento demográfico y a un aumento de las dificultades para poder formar una familia con hijos. Frente a esta dura realidad, apenas se realizan publicitaciones incentivadoras de la procreación, por parte de las diferentes instituciones, colectivos y medios de comunicación. Asimismo, es evidente que las políticas y ayudas económicas o sociales para las familias que deseen tener hijos, todavía son insuficientes si tenemos en cuenta la alta carestía de la vivienda y los precarios salarios que reciben gran parte de los trabajadores jóvenes. Causa estupor e inquietud saber que para el año 2050 en España, se pronostican alrededor de unos 15 millones de pensionistas en una posible población de 55 millones, frente a los 9 millones actuales de un total de 47 millones.


   Frente a la poca seriedad de los partidos políticos a la hora de afrontar el preocupante aumento de pensionistas y descenso de la población joven e infantil, es necesaria una importante movilización social con una mediática repercusión. Esencial es lograr una buena y realista normativa con el asesoramiento de los mejores expertos en la materia. En el plano individual, uno debe intentar ahorrar lo máximo posible, para enfrentar un previsible futuro colapso del actual sistema de pensiones público. 

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