El Museo Guggenheim Bilbao acoge hasta el 25 de febrero la exposición "David Hockney: 82 retratos y un bodegón"

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El Museo Guggenheim Bilbao acoge, hasta el próximo 25 de febrero, la exposición "David Hockney: 82 retratos y un bodegón", una muestra que reúne "un nuevo y destacado conjunto de obras" en las que el artista británico retoma el retrato "con renovado vigor creativo" y ofrece "una visión íntima del panorama artístico de Los Ángeles y de las personas que se han cruzado en su camino a lo largo de los últimos años", según han destacado en la presentación de la exposición.


Tras "David Hockney: Una visión más amplia", la exposición de paisajes realizada en el Museo Guggenheim Bilbao en 2012, el artista abandonó la pintura y su Yorkshire natal para regresar a Los Ángeles. Poco a poco, han explicado los responsables del museo, "regresó a la sosegada contemplación del retrato" y en el verano de 2013 pintó el primero de lo que acabaría convirtiéndose en un extenso grupo de más de 90 retratos, 82 de los cuales pueden contemplarse en esta exposición.


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Dos de los Retratos expuestos, el de Barry Humphries y Dagny Corcoran


El artista, según sus propias palabras, concibe estos retratos de forma colectiva, "como un solo corpus artístico". La instalación presentada este jueves plantea un recorrido cuasi-cronológico que "permite realizar otro estudio psicológico: el del propio artista". Entre los modelos, todos ellos elegidos entre sus amigos, familiares y conocidos, se encuentran personas de su estudio, otros artistas como John Baldessari, y comisarios y galeristas como Larry Gagosian. 



"Los famosos están hechos para la fotografía. Yo no hago famosos, la fotografía sí. Mis famosos son mis amigos. Cada retrato, resultado de una observación intensa, se convierte en una especie de análisis psicológico", afirma Hockney.


Todas las obras son del mismo tamaño y muestran al modelo sentado en la misma silla, iluminado por "la luz brillante y diáfana del sur de California y con el mismo fondo de un azul intenso". Fueron pintadas en un mismo marco temporal de tres días.


Mediante esta exposición, en un momento de proliferación de los selfies y los retratos fotográficos en las redes sociales, Hockney "reexamina el papel del retrato pintado en una instalación intensa y envolvente", han destacado desde el museo, para señalar que "la nota diferente de la misma, el bodegón, obedece a que en una ocasión uno de los modelos no pudo acudir a la cita y el artista, deseoso de pintar, recurrió a lo que tenía más a mano en su estudio, una selección de frutas y hortalizas, para realizar su retrato".


Para la elaboración de los retratos expuestos, Hockney siguió la misma pauta de trabajo con todos ellos: trabajó tres días con cada uno de los modelos, posaron todos en el mismo escenario, y ante el mismo fondo. Pero más allá del attrezzo, lo que inspira al artista es el "conocimiento secreto" de la personalidad de cada uno de ellos.


En las visitas 'express' sobre la exposición, que se realizan de manera gratuita con la entrada del Museo en distintos horarios e idiomas, se pueden descubrir las ideas clave de la serie y, empleando el juego como herramienta de aprendizaje, descubrir la identidad de personajes descritos física y psicológicamente, por distintos miembros del grupo, a partir de preguntas formuladas por el resto de participantes.


Por otro lado, en el marco de esta exposición, se ha organizado la iniciativa 'Reflexiones Compartidas'. Se trata de visitas únicas realizadas por profesionales del Museo para descubrir los entresijos del montaje y otras curiosidades de la exposición.


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COMISARIA DE LA MUESTRA Y MODELO 


La comisaria de la muestra, Edith Devaney, que también posó para Hockney, ha explicado que el artista empezó a pintar estos cuadros en el verano de 2013, cuando tenía más de 70 años, y realizaba jornadas de 7 horas al día con una concentración "extraordinaria".


Sobre su experiencia como modelo, ha reconocido que es "una cosa muy extraña que alguien te pinte, no te ves igual". "Hockney no te hace ningún halago. Te pinta sin más. Me dijo que el cuadro era algo parecido a mí, y que si hiciera otro recogería otro aspecto de mí", ha asegurado Devaney.


El retrato, según sus palabras, siempre fue importante para Hockney, que empezó por los años 50 pintando a su familia. En la actualidad, con 80 años, se ha metido en su estudio y "revisita" temas del pasado "a través de una perspectiva inversa".

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