Concurrieron once enólogos

Cata de vinos en la Alquería de El Fargue, Granada

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Como viene siendo habitual, el día 7 de enero de 2017, se celebró la tradicional cata de vinos, abierta para todos los fargueños y amigos de la Alquería. A la misma concurrieron once enólogos aficionados a la elaboración de caldos del tipo llamado mosto (*). El acontecimiento tuvo lugar en la casa número 1 de la calle Barrio Bajo, mirando al imponente panorama que ofrece la Sierra Nevada, Montaña del Sol que llamaron los andalusíes, con todas sus cumbres cargadas de nieve, desde los 1.800 metros de altitud. 


Vista de Sierra Nevada desde la Alquería de El Fargue 


La organización de este acto tiene el noble y único objetivo de celebrar una jornada gastronómica y de convivencia, en la que participan todas las personas que lo deseen, con la única condición de que sean degustadores de los caldos de este tipo y que estén dispuestos a contribuir con el espíritu de confraternización que preside este acontecimiento.


A todos los asistentes se les permite degustar cuantos vinos y bebidas se ponen a disposición de los concurrentes, así como de todas las viandas que se elaboran a lo largo de la jornada, entre las que destacan un arroz semi caldoso, una parrillada y una sartenada de papas a lo pobre enriquecidas con huevos ecológicos estrellados.


Los concursantes fueron obsequiados con un botellero artísticamente elaborado por el artesano local Jorge Ortega Contreras, quien cada año realiza un modelo distinto en hierro forjado. Además de este obsequio, hay establecidos tres premios para los vinos que hayan merecido las mejores calificaciones del jurado designado a tal efecto por el mantenedor de este evento, Mario García Ruiz. Merecieron esta distinción: 1º Pedro Fernández Cano; 2º Nicolae Damian; 3º Francisco Escudero García. Estos tres galardones iban acompañados de un jamón granadino de dos años de curación.


Concursantes y premiados con el botellero artístico.


La jornada comienza con la llegada de asistentes, hacia las doce de la mañana, momento en que se retiran las muestras de los vinos presentados y en que se empiezan a degustar los caldos y las viandas ya elaboradas, así como la preparación de los suculentos platos cocinados que se ponen a la disposición de los aficionados concurrentes. 


La entrega de los premios tiene lugar al caer el crepúsculo, tras cuyo acto se inicia un periodo de tiempo abierto para que los asistentes, animados del mejor sentido del consumo de bebidas espirituosas e, inician un periodo de intercambio de opiniones que animan a una deliciosa tertulia que se prolonga hasta avanzada la noche, a la vez que comienza la lenta retirada de los asistentes, según cada voluntad.


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Los tres ganadores del concurso, en posición olímpica


Una característica, a destacar en este anual acontecimiento, es la costumbre de escanciar el mosto que se consume, de tal modo que afloren todas sus esenciales características y se cumpla el consabido refrán:


El pan, con ojos;

El queso, sin ojos;

Y el vino, que salte a los ojos.


Un cronista tradicional diría que: conforme se iban marchando los asistentes, en el lugar de la celebración iban quedando menos. Y este colofón me inspiraría el siguiente estrambote:


Justo, exacto, cabal;

dice muy bien el cronista,

sería cosa nunca vista

que hubieran quedado más.


Por la referencia: Francisco González Arroyo



(*) Para las personas que no conozcan el sentido que se le da a esta palabra mosto, en nuestros pagos, hemos de informarles que se llama así a los vinos jóvenes, con un mes aproximado de fermentación, elaborados artesanalmente y sin que se hayan utilizado aditivos en su proceso.

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