Así es Puerto Rico, una invitación a la vida

Puerto Rico – Paraíso Tropical

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Al noreste del Caribe, en la linde del Atlántico y clavado en el trópico, aún queda una isla por descubrir, se llama Puerto Rico. El país es, oficialmente Estado Libre Asociado de Puerto Rico, de ahí que el inglés sea idioma oficial junto al español, pero con capacidad de autogobierno. Casi rectangular, es la más pequeña de las Antillas Mayores, que se extiende la longitud de unos 580 kilómetros, pese a su pequeño tamaño, ofrece una extraordinaria variedad de ecosistemas para disfrutar a la vista. 


El mar alrededor de Puerto Rico es profundo, y está lleno de historias. Nadie sabe exactamente cómo los barcos hundidos que yace en el fondo del flujo Mona o Puerto Rico trinchera donde los barcos piratas navegan hace unos siglos y desaparecieron para siempre de la memoria de la gente. La población de Puerto Rico es una mezcla de diferentes razas y naciones. Cada pueblo que fue llegando a Puerto Rico dejó su impronta en su gastronomía, música y tradiciones, así que hoy es casi imposible de describir con palabras, sólo hay que ver y sentir. 


La capital es San Juan, fue fundada en el siglo XVI y es el buque insignia de Puerto Rico. Combina su magnífico pasado colonial con el atractivo modo de ser del Caribe. Su posición geográfica le hizo convertirse en el puesto militar más importante de las Américas, bajo el mandato de Juan Ponce de León. De esa época son los imponentes fuertes militares de San Felipe del Morro y San Cristóbal, ambos de reclamo turístico. Tenían clara su función: defender la isla de los ataques de ingleses, holandeses, y de las frecuentes incursiones piratas. De hecho, fue en la bahía de San Juan donde el legendario Francis Drake fue derrotado por cañonazos españoles. Pero sin duda, lo más placentero es pasear sin prisa por el viejo San Juan, reconocido por la UNESCO como Patrimonio de la Humanidad. Dejarse llevar por sus calles adoquinadas, entre iglesias y edificios coloridos del siglo XVI y XVII, adornados con flores y sonrisas autóctonas.


Isla de Culebra, Puerto Rico


Sencillamente, a veces no podrás creer donde estás: amanecerás en el Atlántico y verás atardecer en el Caribe. O viceversa, a gusto y placer del viajero. Será por opciones: hay más de 300 playas paradisiacas donde elegir. Y qué curioso fenómeno el del relax, sentido al vaivén de una hamaca, y con el horizonte confundido a la vista: pensarás que tú estás en el cielo, y que es el mar el que te queda arriba. O ya puestos, lanzarse a navegar, 40 kilómetros al este, hasta llegar a Isla Culebra. Una joya de aguas cristalinas, de esas que no necesitan photoshop para salir deslumbrante en las fotos. Ahí podrás bucear entre sus coloristas arrecifes y disfrutar de la calidez de sus 2.800 habitantes, donde el viajero es recibido con los brazos abiertos por convicción, no por cortesía. Como manda el protocolo caribeño.


Playa Famenco e Isla verde


Dicen que Puerto Rico fue descubierta por los españoles hace más de 500 años, pero lo que no se añade es que aún ofrece mucho por descubrir. El país luce una insólita variedad natural, con un relieve dictado por los caprichos de su origen volcánico: un apabullante despliegue tropical que pasa de los 1300 metros al nivel del mar en apenas 65 kilómetros, que hará las delicias de los más aventureros. 


A través de sus senderos para bicicleta, podrás adentrarte en su montañoso interior, donde arroyos de agua limpia y espectaculares cascadas te pedirán a gritos un chapuzón rápido. Y puestos a lanzarse, qué mejor que engancharse a un arnés y dejarse caer, abismo abajo, en cualquiera de sus 37 tirolinas. No hay excusa que valga: la hora de los valientes tendrá cita obligatoria.


Bosque el Yunque


Puerto Rico cuenta con 26 campos de golf, a escasos minutos de distancia unos de otros.


Y es que en este país no te será difícil acelerar el corazón, si es lo que buscas. Lo que sobran son pretextos. Pero después de la tormenta, siempre llega la calma: así que a medida que vayamos acercándonos al mar la vida toma un tono más pausado y cálido. Será la influencia del Caribe al sur, o del Atlántico al norte. Ahí uno puede quedarse embelesado contando las olas, o lanzarse a practicar deportes más tranquilos, como el golf. Hay más de 26 campos en toda la isla, para alternar atentos golpes de swing con vistas inolvidables al alcance del rabillo del ojo.


Coco Palm Beach


Da igual por donde se mire: decir Puerto Rico es levantar sonrisas. Y las ganas de dar un paso más para azuzar la adrenalina. Un despliegue de naturaleza en bruto para descubrir volcanes extintos, lagunas bioluminescentes y especies tropicales de color intenso, con los mismos ojos de asombro con los que un día la miraron los primeros españoles. Y luego otro paso más, pero este a nado. Entre playas irrepetibles y galerías de coral, que aún custodian restos de galeones antiguos y banderas pirata. Donde la felicidad es un estado natural y sencillo, que no es necesario buscar. Llega por si sola, con una inercia de siglos a sus espaldas, como bien saben sus encantadores habitantes. Y no es de extrañar, porque estamos en la linde del Caribe, ese mar donde el reloj deja de molestar, y el sol estrena sus mejores galas cada día.


Así es Puerto Rico, una invitación a la vida, abierta de par en par.

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