Permitido soñar en el archipiélago balear, rural y esencial por naturaleza

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  • Las Islas Baleares invitan a descubrir la riqueza de sus atractivos para los amantes del turismo rural a través de su patrimonio natural, cultural, histórico, gastronómico y su gran biodiversidad, disponible para todos los públicos en cualquier época del año.


Lejos de zonas ruidosas y masificadas por el turismo tradicional, el archipiélago balear alberga un singular mosaico de rincones donde disfrutar de las propuestas más auténticas. Frondosos bosques, parques naturales, campos de cultivo, pueblos con encanto, fincas tradicionales, granjas ecológicas y agroturismos completan un amplio abanico de atractivos para los amantes del turismo rural. 


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Una forma diferente de conocer las Islas Baleares desde su perspectiva más rica y natural, abierta durante todos los meses del año que ofrece al visitante lugares enclavados en maravillosos entornos en los que se respira el más puro aroma y esencia del Mar Mediterráneo. Parajes perfectos para descubrir cada valle, cada bosque, cada pueblo recorriendo lugares donde sentirse cautivado por la cultura, el patrimonio y el arte balear. Multitud de rincones para explorar realizando actividades al aire libre y saboreando la esencia de la gastronomía de Mallorca, Menorca, Ibiza y Formentera. Unas islas que adquieren toda su belleza y esplendor fuera de temporada.


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Familia y naturaleza, la combinación ideal que aúnan los agroturismos


Situados en enclaves idílicos, enclaves privilegiados y con espectaculares vistas, los agroturismos se alzan como alojamientos rústicos ideales para disfrutar de la paz y la tranquilidad que solamente puede encontrarse en plena naturaleza. Estas fincas, de construcción característica según cada isla, a menudo se encuentran rodeadas de terrenos en los que pueden darse largos paseos por sus campos de cereales, árboles frutales, pinos, encinas y cuidados jardines. 


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Un escenario rural que cuentan en muchos casos con huerto propio y granjas para que sus clientes se deleiten con los productos más frescos. Respetuosas con el entorno, en su mayoría estas fincas utilizan energías limpias y productos naturales en un maravilloso entorno rural.

Los agroturismos que cuentan con granja invitan a hacer planes en familia, ya que normalmente están abiertos de cara al público para hacer visitas por libre o con guía, con el fin de pasar horas juntos en contacto con la flora y la fauna. Y no solo son las vistas. Tanto niños como adultos pueden participar en sus actividades y vivir en primera persona la experiencia de sumergirse en la cultura balear, desde excursiones por sus terrenos, degustaciones de productos típicos hasta otras dinámicas en las que deben implicarse mucho más, como talleres de cocina en los que aprender a preparar platos tradicionales, como el flaó (pastel ibicenco de queso de cabra), pan y pizza artesanos o queso.


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Además de su cuidado y actividades, las fincas suelen ofrecer sus propios productos, delicias autóctonas de sabor y color inigualable, ecológicas y cuidadas con métodos tradicionales como lo hacían sus antepasados.
Un paseo gastronómico por las delicias autóctonas isleñas

Uno de los grandes alicientes para disfrutar al máximo del turismo rural es realizar una completa inmersión en su cultura y familiarizarse con sus tradiciones, historia y gastronomía. En las Islas Baleares son muy conocidas las ensaimadas o la sobrasada, pero hay una larga lista de productos propios que vale la pena saborear y llevar de vuelta como souvenir como un preciado recuerdo de la experiencia vivida en Mallorca, Menorca, Ibiza o Formentera.

La almendra es un fruto seco con tradición mallorquina, y en la capital, Palma, hay una ruta curiosa que enlaza tres conventos de monjas de clausura donde elaboran dulces con almendras. El primero de ellos es el de La Inmaculada Concepción, dónde se cocinan almendras garrapiñadas caseras.

La siguiente parada en esta pequeña ruta religiosa y gastronómica es el Convento de Santa Magdalena, en el que las monjas moldean y cuecen unos sabrosos pastelitos de albaricoque en cuya masa se utilizan almendras molidas. La última visita es el Convento Santa Clara, que tiene más variedad de productos, entre los cuales destacan unos gustosos bocaditos de almendras. 

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Y de las almendras al aceite, que tiene su ruta particular por las distintas almazaras que producen el oro líquido de la Denominación de Origen de Mallorca. Algunas de ellas permiten el paso a los visitantes y les muestran como se elabora este producto imprescindible en la cocina española.

Otro fruto típico de Mallorca son las algarrobas, de origen mediterráneo que ha perdido tradición y popularidad en los últimos años, pero que su sabor dulce las hace ideales para elaborar siropes, edulcorantes o cremas. Para disfrutar de las que son autóctonas de la isla, los productos con la marca de Garrover de Mallorca son un seguro, ya que comercializa algarrobas y productos derivados ecológicos, asegurando su calidad y su propiedad de kilómetro 0. 


También destacan en la mayor de las Islas Baleares los higos, un producto que se ha convertido en todo un referente gastronómico. Constituye una excelente materia prima con la que se fabrican delicatesen como el pan de higo, higos frescos (en temporada), higos secos, mermelada de higos, higos envasados en anís o productos más atípicos y sorprendentes como el café de higos o la cerveza de higos.


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En Menorca, su producto estrella es el queso de Mahón. Algunas de las fabricas muestran como elaboran este lácteo que cuenta con el sello de Denominación de Origen y elaboran un pequeño paseo desde las granjas, pasando por las salas de ordeño y acabando con una degustación de este delicioso queso. 


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Por último, en Ibiza se organizan talleres de pan de pagès, hierbas ibicencas y queso fresco de cabra en granjas y fincas ecológicas, con sus propios productos en un entorno único para vivir una experiencia de lo más auténtica. 




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